Pruebas de coches

Probamos el Mercedes-Benz GLC 200 4matic

Probamos el Mercedes-Benz GLC 200 4matic, un coche SUV mild-hybrid que convence por confort pero desmerece la etiqueta ECO

 

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A mediados de este año pudimos ponernos por primera vez al volante del Mercedes-Benz GLC tanto en su versión de carrocería SUV como en la carrocería SUV Coupé. La única mecánica que entonces nos quedó pendiente de probar fue la de este GLC 200, una versión con tecnología mild-hybrid de 197 CV que luce la pegatina ECO de la DGT. Lo hemos probado durante una semana y estas han sido nuestras impresiones.

Los SUV han ido ganando peso en todas las marcas, tanto que algunas como Mercedes casi tienen tantos modelos de este segmento como berlinas o compactos. El que hoy nos ocupa es sin duda uno de los SUV medios más interesantes en la familia actual del fabricante alemán, un coche que llega para seguir siendo el rival más directo de los Audi Q5, BMW X3 e incluso Porsche Macan.

A nivel de diseño exterior no podemos hablar de una revolución, sino más bien de una evolución lógica para poner al día un modelo que siempre destacó por su aspecto. Nuevas ópticas delanteras de serie con faros LED High Performance o Multibeam LED en opción como la tecnología más avanzada de iluminación son algunas novedades.

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Se han rediseñado otros elementos como la parrilla delantera y los paragolpes. Las llantas lucen nuevos diseños entre 17 y 19 pulgadas. Las ópticas traseras ahora también son LED y adoptan el nuevo grafismo que veremos de ahora en adelante en los Mercedes-Benz de última hornada, con contornos LED casi cuadrados muy definidos dentro de cada grupo óptico.

 

Aunque a primera vista pueda parecer el mismo GLC de antes, cuando te fijas en detalle se ve más moderno y actual, que es de lo que se trata

 

En el caso de la unidad de pruebas, venía equipada con el paquete AMG Line, de ahí que la parrilla delantera sea tan llamativa con su efecto diamante cromado. El faldón delantero imita las formas con grandes entradas de aire y molduras negras de las versiones AMG. Los embellecedores de los escapes en la zaga son rectangulares y las llantas, las más grandes de cuantas hay en opción, son de 20 pulgadas y lucen diseño multirradio que, bajo mi punto de vista, le dan un aspecto muy acertado.

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Las dimensiones se mantienen en unos 4,66 metros de largo, 1,89 metros de ancho y 1,64 metros de alto, cotas que le permiten llevar con relativa comodidad a cinco ocupantes y disponer de un maletero de 550 litros con formas planas y rectas que permiten aprovecharlo muy bien.

Notable mejora en el interior

Si por fuera la evolución podríamos decir que ha sido sutil, en el interior sí que hay un salto de nivel en muchos aspectos, tanto por la calidad de los materiales y ajustes, como por la tecnología aplicada que hace que el habitáculo esté sin duda entre los mejores y más modernos de su segmento.

 

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Tras las críticas recibidas por la proliferación de molduras en negro piano brillante y su dudosa capacidad de envejecimiento, parece que en Mercedes han tomado buena nota y las han sustituido por madera de roble o nogal u otras metálicas como las que lucía nuestra unidad de pruebas en la consola central.

Un salto cualitativo en este aspecto que se ve acompañado por la llegada en opción del cuadro de instrumentos completamente digital de 12,3 pulgadas, el cual tiene un diseño muy acertado en todas sus configuraciones que hace muy agradable la lectura, siendo sin duda uno de los elementos opcionales más recomendables. En posición central la pantalla multimedia es en este caso de 10 pulgadas, táctil y su calidad la podemos considerar muy superior a la de su antecesor. Además ya no tiene un marco de plástico grueso como antes y eso hace que la calidad percibida sea muy superior.

Manejar todos estos elementos podría ser un suplicio si no fuese por el volante multifunción que además de ser muy vistoso, también tiene un tacto muy agradable. Su uso es sencillo una vez que te has adaptado a sus controles táctiles en los que, con la mano izquierda manejas el cuadro de mandos digital y con la derecha la pantalla multimedia en posición central.

Por si fuese poco, y como manda la tendencia actual, cuenta con control por voz Distronic integrado, lo cual permite activar ciertos comandos mediante dicción. La clave es empezar con "Hola Mercedes" y decirle a continuación lo que quieres que haga. Funciona muy bien con algunos comandos como llamadas de teléfono o que suba o baje la temperatura interior, aunque falló a la hora de dictarle destinos del navegador no demasiado complejos.

 

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 En definitiva, y más si vas a optar por una unidad con paquete AMG Line con sus asientos deportivos con mayor apoyo lateral, el interior del nuevo Mercedes-Benz GLC además de amplio y bien resuelto para los ocupantes de las plazas posteriores y delanteras, dispone de todo lo necesario para ser referente en su segmento.

En marcha con el mild-hybrid

Imagino que en los últimos tiempos habrás escuchado y leído este término en múltiples ocasiones, ya que la mayor parte de los fabricantes están poniendo en el mercado modelos mild-hybrid. ¿De qué se trata? Poniendo como ejemplo este que hoy nos ocupa, el GLC 200 4Matic, a pesar de ser la versión de acceso a la gama GLC, cuenta con un motor 2.0 de cuatro cilindros que se apoya en un pequeño motor eléctrico con alternador que le ayuda con 10 kW (14 CV) y 150 Nm de par.

 Hablamos por tanto de un conjunto que tiene 197 CV de potencia y 320 Nm de par máximo, este último disponible desde sólo 1.650 RPM y constantes hasta 4.000 RPM. El motor eléctrico va situado delante y cuenta con una pequeña batería en posición posterior. Esa configuración híbrida le otorga la etiqueta ECO de la DGT.
 

Para uso diario, el GLC 200 4Matic muestra muchas bondades, con un comportamiento urbano que convence por su suavidad y silencio de rodadura. El motor se siente algo perezoso a muy bajas revoluciones, aunque el apoyo del eléctrico cuando empieza a actuar es importante, ya que si bien no se percibe en sí mismo como ocurriría en un híbrido con mayor potencia y capacidad de batería, sí que hace que las cifras de aceleración sean aceptables para tener menos de 200 CV de potencia.

 

Hace 0 a 100 km/h en 7,9 segundos y aunque has de jugar con los modos de conducción o con las levas del cambio 9G-Tronic pasándolo a manual y bajando dos marchas cuando quieres respuesta inmediata, lo cierto es que cuando se mueve en régimen óptimo de giro sí que cumple con lo que esperas.

Durante la prueba, los consumos en ámbito urbano se quedaron en 9,2 l/100 km jugando durante varios días con los diferentes modos de conducción y con diferentes niveles de carga: íbamos en Confort o ECO normalmente y el Sport y Sport+ solo lo activamos en momentos puntuales, ya que la ciudad no es el mejor lugar para sacarle partido.

 

Perezoso en carretera 

La cara no tan buena de este modelo sale a relucir cuando salimos a carretera, que se supone debe ser uno de sus habitats habituales. El confort de marcha es muy bueno, con una insonorización fantástica. En el habitáculo reina el silencio y el motor de gasolina de cuatro cilindros apenas se percibe.

Por otro lado, a pesar de las llantas sobredimensionadas a 20 pulgadas y la puesta a punto específica con tarados más deportivos del paquete AMG Line, filtra bien las irregularidades del asfalto y en este sentido permite hacer viajes largos con comodidad absoluta.

El tren de rodaje es nuevo e incorpora el Dynamic Body Control que permite variar la dureza de amortiguación en tres niveles: Comfort, Sport y Sport Plus. En el primero, no hay pega alguna ya que permite disfrutar de un nivel de confort digno hace solo unos años de modelos de clases y segmentos muy superiores.

El problema viene porque el motor, se siente bastante perezoso e incluso falto de fuerza en determinadas circunstancias, especialmente en el modo de conducción ECO pero también en Confort. Puedes circular por autovía a ritmo legal con cuatro ocupantes y maletero lleno, lógico, pero cuando toca encarar una pendiente se echa en falta algo más de brío, más fuerza para no tener que hacer lo irremediable.

 

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El tren de rodaje es nuevo e incorpora el Dynamic Body Control que permite variar la dureza de amortiguación en tres niveles: Comfort, Sport y Sport Plus. En el primero, no hay pega alguna ya que permite disfrutar de un nivel de confort digno hace solo unos años de modelos de clases y segmentos muy superiores.

El problema viene porque el motor, se siente bastante perezoso e incluso falto de fuerza en determinadas circunstancias, especialmente en el modo de conducción ECO pero también en Confort. Puedes circular por autovía a ritmo legal con cuatro ocupantes y maletero lleno, lógico, pero cuando toca encarar una pendiente se echa en falta algo más de brío, más fuerza para no tener que hacer lo irremediable.

 

Ante esa situación hay dos soluciones, o bien seleccionar el modo de conducción Sport y conseguir así que la caja de cambios 9G-Tronic engrane relaciones más cortas que permiten exprimir mejor cada marcha para mantener repito esos ritmos legales, o directamente empiezas a jugar con las levas situadas detrás del volante para hacer que el motor se mantenga por encima de las 3.500 RPM que es donde se siente algo más vivo.

Solventarás la situación, pero los consumos se dispararán por encima de lo esperado para un coche de menos de 200 caballos manteniendo velocidades legales en autovía. Hicimos un viaje por la autovía A6 saliendo de Madrid en estas circunstancias y el ordenador de abordo marcó 10,2 l/100 km, un registro muy superior al que esperábamos de un mild-hybrid con etiqueta ECO.

 

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Me temo que esas 1,8 toneladas de peso del conjunto suponen tener que mover unos cuantos kilos de más. Además, me dio la sensación de que el coche estaba programado electrónicamente para favorecer ese comportamiento suave y moderado, en busca de cifras de consumos en ciclos de homologación. Una pena porque en este aspecto surgen sombras en un coche que en otros aspectos sí brilla con luz propia.